Los días en Firenze trascorren de forma acelerada. Trato de recordar cuándo tiempo llevo aquí y me sorprendo al darme cuenta que ya se acerca el fin de la segunda semana y yo casi siento que he abandonado este espacio donde tres (ah no, ya cuatro!!) personas leerían un poco de las tonterías aquí expuestas. Bueno, la vida en Florencia la he pasado bastante bien, se han cumplido las expectativas y el viaje is working as it should. Ahora cuento algunas cosas curiosas que veo todos los días. La señora que me rentó el cuarto y me prepara el mismo desayuno todos los días es el equivalente de doña Florinda... all'italiana. Viuda de aproximadamente 65 años, aspecto cien por ciento italiano (se parece a aquellas mujeres de pueblo siciliano en las películas de El Padrino), tiene un acento florentino marcadísimo y pasa sus días frente a la televisión con 5 revistas de chismes de la farándula italiana. Fuma todas las noches mientras cena y apenas ve la opurtunidad me cuenta algo de su difunto marido. Ella vive de la renta de cuartos a estudiantes extranjeros y me pregunto si dará los mismo consejos a todos los que hospeda: "Attenzione agli extracomunitari!" (traducción: "Aguas con los extracomunitarios"). La interacción diaria con ella consiste en cruzar las mismas frases de siempre: Ciao, tutto bene? ben dormito? buon appetito! ciao!
La cantidad de turistas en Florencia es impresionante... y como todos sabemos, los turistas arruinan las ciudades en tantos sentidos, pero lo cierto es que esta ciudad no vive de otra cosa, no hay ninguna otra fuente de capital más que el turismo. Lo dijo perfecto un tipo que conocí: "Se non ci fossero i turisti qui a Firenze... noi chiudiamo.. finito.. ciao", y es cierto. Hay tantos turistas que en las noches las plazas se subdividen en varias categorías: plazas de y para turistas fugaces, aquellos que creen que por ver el Duomo ya conocen Florencia; plazas de turistas menos fugaces, aquellos que se alzan el cuello por no estar en aquellas plazas donde están los turistas fugaces; y las plazas de los turistas que creen estar huyendo de los turistas, y por supuesto cuando se dan cuenta... están rodeados... sí, de turistas. Por el momento siento que ya ha pasada la etapa de asombro y turista absoluto en la que me encontraba los primeros días... creo que he comenzado ya a ver cómo es la vida aquí, en una ciudad que no por ser bella es menos dura con sus habitantes. La diferencia de clase social es muy evidente en Florencia... hay quien se pudre en dinero (y se les identifica al instante) y hay quien se pudre en la falta del mismo. Hay quien no tiene problema en pagar 20 euros por una pizza y una cerveza y hay quien sufre por pagar 5 euros por lo mismo. Cuando desayuno siempre me encuentro con este letrero en la cocina:
lo cual da un poco la idea de cómo viven los verdaderos florentinos aquí. ¿Los museos, las muestras? ¿La Accademia, gli Uffizi, il Duomo, il Bargello? Sí, muy bonitos... pero es "roba per i ricchi e per i turisti", la gente en Florencia trata de sobrevivir trabajando duro para apenas poder pagar las cuentas, como en tantas partes del mundo... con la diferencia de que aquí se hace eso bajo la mirada de Dante y Brunelleschi.

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