17.9.08

Hacía mucho que no me sentaba a escribir con el propósito de en verdad escribir algo. Me pesa porque era un hábito en mí que no recuerdo bien cuándo perdí. Me pesa porque me recuerda al momento incómodo de saludar al pariente lejano a quien no tienes nada qué decirle. Me pesa porque enfrentarme a la página en blanco no me emociona sino que me aterroriza. Me pesa porque me di cuenta de que la costumbre se pierde y la inspiración se atrasa, se atora, se conmueve por la incertidumbre y prefiere quedarse dentro, esperando, como si fuera parte de un público atento para no dejar de burlarse del primer error que busque salida; los demás pensamientos feto lo juzgarán por su atrevimiento y yo notaré su padecer, me conmoveré yo también y lo volveré a archivar en ese montoncito de ideas fracasadas, desperdiciadas, estériles que ahora se lamentan y me culpan por no defenderlas como esperaban. Al mismo tiempo, las muertas valientes ya están resignadas e incluso se cobijan unas a otras para, al menos, consolarse por el trágico aborto que les di.

Escribo y me acuerdo de mí, de mi juventud resignada y enamorada y atrabancada, que en realidad son la misma calamidad, me acuerdo de mi época de competencia, donde tenía que escribir por impresionar y terminaba impresionada. Me atormentaba de noche por no poder escribir lo que padecía, y me angustiaba de día por pensar que llegaría la noche.

Viajar ayuda. La inspiración está en los aviones y en las carreteras, en los discos malos que se repiten cada viaje y en el olor a gas de los baños públicos; en los hoteles no tanto, pero en la playa, uy en la playa uno se inspira como nunca; debe ser la mezcla del horizonte poético a las 6 de la tarde con el sonido del mar y las alucinaciones por calor. Yo fui a la playa y me siento inspirada (un abrazo a mis ideas truncas, ya llegó su madre). Me siento como cuando alguien se ofrece a destaparme una cerveza y la saboreo antes de que me la entreguen, o como al pagar unos zapatos nuevos me imagino caminando en ellos con la boca pintada de rojo, o como cuando llueve y antes de asomarme a la ventana ya huele a lodo, o como cuando canto y siento que se escuchó bien, o como cuando entro a un estadio vacío con alguien que sabe que disfruto los estadios vacíos.  Es un momento delicioso que me aprieta los músculos que nunca se mueven, y en mi caso son la mayoría. Es también una sensación muy similar a la noche antes de entrar a la escuela, cuando sabes que ya está todo listo para empezar a hacer lo que tienes que hacer, lo que debes. Yo tengo que escribir, en realidad todos tenemos que hacerlo, y todos debemos aferrarnos a ese momento de iluminación que nos inquieta y hasta hace que nos sentemos derechitos. Así que ya, ahora sí me voy a poner a escribir.

l.n.p

14.9.08

Se informa al enorme público lector que se contará en este espacio con la amable colaboración de un segundo autor (autora, de hecho). Léasele con el mismo interés... jajajajajaja... No, en serio.
:)

6.9.08

La fine...

Un fine settimana sono scappato a Venezia. Non si poteva essere in Italia senza fermarsi al meno un giorno a rivedere Venezia... quella città che, secondo Javier Marías, ci dà una visione dell'eternità. E infatti, Venezia non delude mai..... mai. Poi, sono tornato a Firenze per salutare le conoscenze, la casa, la città. A volte sembra difficile capire come appena alcuni giorni bastano per attacarsi a alcune persone, a alcuni odori e sapori, perfino a alcune città. Firenze, per me, è stata una di quelle città che si lascia conoscere, capire e amare facilmente. Di certo mi mancherà e mi manca già.

Gelati fiorentini.... un piccolo grande piacere





3.9.08

. . . . . .


Dos cosas que vi ayer (no se entienda "ayer" de forma literal):
1.
Terminó mi última clase del día. Eran cerca de las 5:30... no es la hora usual de salida pero una conversación de jazz con el profesor alargó un poco la lección individual. Bajé tranquilamente y saliendo del edificio escucho un ruido poco usual acompañado de agitación de turistas. Camino unos pasos y alcanzo a ver una bola de jóvenes de frente al Duomo, algunos italianos, otros gringos, de otros no supe, que se golpeaban y se aventaban unos a otros. Botellas de agua, así como gritos, se aventaban de aquí para allá... el ruido era tal que no se podía hacer otra cosa que detenerse a ver qué sucedía. Los turistas desviaron sus cámaras del Duomo y la Basilica hacia la inverosímil escena. Pocos segundos después, se separaron... insultos aquí (vaffanculo, vattene!) insultos por allá (fuck you, suckers!)......... ciao, ciao.
2.
Lugar: estación de trenes de Florencia. Estoy sentado en una banqueta cerca de "biglietteria" y espero a que pasen algunos minutos para poder hacer una llamada a casa. Veo y escucho el ruido cotidiano de la estación. Maletas siendo arrastradas, gritos all'italiana, trenes llegando, trenes partiendo, voces en altavoz anunciando retrasos "partenze e arrivi", muchos idiomas... especialmente francés y alemán. Volteo a un lado y veo a un señor viejo, barbón, con toda la apariencia de un vagabundo de la estación. Está empujando un carrito lleno de basura y habla solo.... volteo al otro lado y veo a tres africanos correr a toda velocidad para alcanzar el tren que está por irse. Regreso la vista al señor de la basura, pero hay algo raro... tiene la cara ensangrentada; está quieto... catatónico, su carrito está en el suelo y la basura, regada. "Ma... ch'è gli è succeso?"... nadie en la estación parece notar la desgracia que acaba de sucederle a este hombre. Estoy a punto de pararme a decirle al policia, cuando veo a un señor con ropa evidentemente de marca, que caminaba tranquilo, elegante, lentes oscuros, telefonino..... insomma... italiano. Ve al hombre. Se detiene, corta su conversación y se acerca al vagabundo que ahora escurre sangre por toda su ropa... hace una llamada (a una ambulancia... si capisce) y en pocos minutos llega la ambulancia y una patrulla... para estos momentos ya hay una multitud alrededor de la camilla que sube al vagabundo a la ambulancia. La veo alejarse y sonrío un poco.